Mujeres del Sur

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Awkasisa organizó impactante taller "Mujer y Dictadura"

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La organización Awkasisa, contraparte del Fondo Mujeres del Sue en el Programa Redes y Alianzas, llevó a cabo el día 02 de octubre en Alto Comedero, Jujuy, el taller "Mujer y Dictadura" y analizó los tópicos tabú de la especificidad de la condición de mujer de las detenidas-desaparecidas frente a la represión sistemática, profundizando en conceptos poco conocidos tales como el de posesión de vientre.
Por Colectivo Radio Pueblo

En el marco de los talleres de formación ejecutados por la agrupación Awkasisa con vistas al XXIX Encuentro Nacional de Mujeres, que tiene como sede este año a la vecina provincia de Salta, se desarrolló esta mañana en Alto Comedero el taller “Mujer y Dictadura”, que contó con la disertación de dos ex-presas políticas, Hilda Figueroa y Nora Ferreyra.
Hilda Figueroa puso de manifiesto las premisas que guiaban a la generación que recibió el embate de la última dictadura patronal-militar, manifestando que entonces palabras como alienación, clases, proletariado, masas o utopía, entre otras, eran cotidianas en ese entonces, y cómo luego de la dictadura casi desaparecieron del habla colectiva. Ferreyra agregó que otros conceptos fueron deformados para su rechazo, como adoctrinamiento o fenimismo, al cual se lo vinculó con lesbianismo (este a su vez víctima de un rechazo total) o libertinaje, aplicada también a cualquier cosa que saliera del estricto código de conducta impuesto por la dictadura, orientado a crear la “normalidad” requerida por el modelo de capitalismo que querían imponer.
awkasisaTambién mencionaron como aún en la cárcel la militancia continuaba, ya sea en una resistencia organizada, la creación de un lenguaje de señas que permitiera la comunicación interna prohibida y el envío y recepción de mensajes u objetos al exterior por medio de la colaboración de presos sociales logrados como adherentes a la causa.
La charla luego se orientó hacia la especificidad de la situación de la mujer en las mazmorras de la dictadura, y en particular hacia las vejaciones allí sufridas. Una especificidad que se daba muchas veces según la idea dominante de la mujer fue el uso de muchas detenidas para realizar tareas de servicio, incluso en las casas de sus captores, circunstancias no observadas con los hombres. Pero mencionaron que la realidad más visible pero la menos visibilizada por su condición de tabú fue el caso de las violaciones sexuales.
Allí observaron que las situaciones de violaciones sexuales en los CCD (Centros Clandestinos de Detención) tenían como antecedente histórico a la conquista, cuya impronta se reproducía en la aniquilación del dominado por medio de la conquista del vientre. Ferreyra agregó que incluso más modernamente esa práctica continuó, y relató las denuncias de las esterilizaciones obligadas que realizaban los “Cuerpos de Paz” norteamericanos en Bolivia, denunciados en el documental “Sangre de Cóndor”, por cuya causa los denunciantes fueran expulsados del país. Sobre el fenómeno de la posesión de vientres Figueroa comentó que éste, en tanto perversión del poder, supone una especificidad del mismo en relación a la mujer, pues el hombre puede ser mano de obra, pero la mujer también tiene ese “medio de producción” de personas que es poseído simbólicamente por, justamente, los agentes que fueron encargados de restituir el capitalismo por la fuerza a sus caminos “normales”, y que los hechos mencionados, entre otros, demuestran la estrategia tras las violaciones y el carácter sistemático de éstas.
Pues no fue, afirmó Figueroa, “un soldadito que quería sacarse el gusto porque tenía problemas en la casa”, el hecho fue repetido en cada CCD del país, datos que muchas veces no fueron mencionados por la terrible vulneración de intimidad y la dignidad que supone, pero que últimamente, producto de una militancia enfocada en la cuestión, van saliendo a la luz. Ferreyra reforzó lo dicho agregando que también en lo relativo a la posesión de vientre en Argentina se da una particularidad, pues generalmente en Paraguay u otros países víctimas del Plan Cóndor las presas políticas eran llevadas con sus hijos, mientras en Argentina (y acaso también Uruguay) el robo de bebés suponía ejercer el dominio sobre el destino de los hijos, asegurándose la aniquilación de dicha generación y su descendencia.
Hilda Figueroa entonces agregó que la finalidad de estas vejaciones no eran entonces para sacar información, sino que perseguían el objetivo de la humillación, la anulación, la reducción a la nada. Por ello una de las formas internas de resistir ese poder fue el mecanismo psicológico de la disociación, al que resumió diciendo “no es a mí, es a mi otro yo al que le está pasando esto”, “porque nos dimos cuenta que no querían el vientre, sino la mente”. En un dato intrigante mencionó que también hubo, merced el contexto material y esa conciencia, muchas compañeras de su calabozo que dejaron de menstruar.
Respecto de la disociación y la negación comentó el caso de una expresa jujeña que no recordaba su violación y que, en el marco de una marcha del 24 de marzo, cuando las obras artísticas, los discursos y el acompañamiento colectivo lograron un espacio visible de contención, cambió su semblante y les planteó a sus compañeras: “ahora me acuerdo”. Ferreyra recordó que no solamente mujeres fueron violadas, sino también hubo muchos hombres sodomizados, pero que con ellos es incluso más difícil lograr una denuncia del hecho, comentó que hasta ahora, de acuerdo a su conocimiento, solamente un hombre de La Plata, uno de Libertador y uno de Santiago del Estero se presentaron a agregar esta denuncia al conjunto de crímenes cometidos en su cautiverio.
Figueroa explicó que resulta tan tabú el tema que incluso tuvieron en un principio problemas para que sus propios abogados profundizaran en él y el carácter sistemático del mismo. Al respecto mencionó que un testigo de la defensa en un juicio por crímenes de Lesa Humanidad fue identificado por una testigo-víctima (y posteriormente por un hombre) como violador y que espera el avance decidido en esa causa pueda generar mayor conciencia de la importancia estratégica que tuvieron estas vejaciones en el plan genocida, logrando sean más las víctimas que realicen su denuncia.
Tras dar sus testimonios Hilda Figueroa agradeció que el clima de confianza generado y que el acompañamiento de los y las presentes hubieran permitido relatar en profundidad este tema tabú, pues ello resulta una oportunidad más de “liberarse”, tras lo cual mencionó que la resistencia ejercida, la mental y la física, y el actual resurgimiento de posiciones liberadoras y anticapitalistas son la demostración de que la dictadura no pudo destruir los sueños y objetivos de los 30 mil desaparecidos.

 

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