Encuentro Redal en Uruguay

Cada encuentro, una instancia de fortalecimiento

El Programa REDAL -Redes y Alianzas Libres de Violencias- realizó su Encuentro Anual de Organizaciones Copartes en Montevideo, Uruguay. Con el apoyo de Gabriela Romanutti, Coordinadora del FMS en dicho país, se desarrolló del 22 al 23 de septiembre en dos  jornadas colmadas de intensidad.

El encuentro comenzó la mañana del 22 cuando las 13 organizaciones apoyadas actualmente por el Programa, provenientes de Argentina, Paraguay y Uruguay, se presentaron de manera individual y colectiva. Se trata de mujeres de barrios populares, disidentes, migrantes, campesinas, conviviendo con VIH, negras y afrodescendientes, entre otras. En la ronda, se escucharon experiencias de vida como motor signficativo para la lucha y el cambio, apuestas organizativas ancladas en el afecto y la sororidad, interseccionalidad de las opresiones, defensa de la soberanía alimentaria, y formas de compartir los saberes para la prevención de las violencias en los territorios.

Carmen Beramendi, Consejera del FMS y directora de FLACSO Uruguay, dictó en la tarde de la primera jornada el taller El empoderamiento de las mujeres. La construcción de poderes propios y colectivos. “Vivimos en sociedades que tratan todo el tiempo de quitarnos poder; el empoderamiento es una construcción permanente”, fue una de las definiciones compartidas por ella. Los sueños individuales y colectivos como posibilidades de salida, en otras palabras, como elementos fundamentales para proyectarnos en contextos de violencia, fue otra idea que resonó durante los dos días.

El 23, Virginia Bolatti, Coordinadora de REDAL, brindó un taller sobre Desarrollo de Recursos y Sostenibilidad de las Organizaciones de Mujeres de Base, en el cual se revisaron las potencias y los capitales propios de las organizaciones, no solo los asociados a recursos materiales. Saberes políticos, tiempo, redes, vínculos territoriales, experiencias de vida diversas, fueron identificados como parte del cúmulo de elementos que hacen al activismo, la sostenibilidad y la autonomía de las organizaciones.

En este taller tuvo centralidad el problema y la importancia de contar con un espacio físico propio, sobre todo cuando las organizaciones se enfocan en la temática de violencia contra las mujeres y receptan los casos como defensoras de primera línea.

Por último, la presencia de cinco organizaciones copartes que están terminando su ciclo de apoyos del FMS y de ocho copartes que se incorporaron al Programa en 2018, permitió el intercambio de experiencias entre unas y otras, principalmente en relación a aprendizajes a través de cada período del donativo, y la potencialidad de los apoyos del FMS para desarrollarse como organizaciones y como activistas feministas.

El contexto en el cual construimos Redes y Alianzas Libres de Violencia

Como expresa la antropóloga Marcela Lagarde, es la vida libre de violencia lo que nos permite la vida en libertad. El impacto de la violencia puede ser tanto  inmediato como de largo alcance, e incluye múltiples consecuencias físicas, sexuales, psicológicas, económicas e, incluso, mortales.

De acuerdo a ONU Mujeres, la violencia contra mujeres y niñas es una violación grave de los derechos humanos. La violencia contra mujeres y niñas, agrega la organización, también lesiona a la familia, comunidad y país de las afectadas, y resalta que los altos costos asociados, que comprenden desde un aumento en gastos de atención de salud y servicios jurídicos a pérdidas de productividad, impactan en presupuestos públicos nacionales representando un obstáculo al desarrollo.

Se estima que el 35 por ciento de las mujeres de todo el mundo han sufrido violencia física o sexual por parte de su compañero sentimental o violencia sexual por parte de una persona distinta a su compañero sentimental en algún momento de su vida, de acuerdo a la información publicada por la organización.

En el ámbito trinacional en el que el FMS implementa REDAL, las cifras revelan un contexto complejo. En Argentina, según datos aportados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) en su Registro Único de Casos de Violencia Contra las Mujeres, entre 2013 y 2017 se registraron un total de 260.156 casos de violencia.

En el 82,7% de los casos, el vínculo de la víctima con el agresor es de pareja (45,8%) y expareja (36,9%). Esta situación se da en todos los grupos de edad de las mujeres. Hay otros vínculos familiares presentes en determinadas edades: padre y madre entre las adolescentes de 14 a 19 años (17,3%) e hijxs entre las mujeres de 50 años y más.

Los tipos de violencia reportados son casi todos los incluidos en la Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (26.485/2009) vigente en Argentina desde 2010. Vale destacar que los tipos de violencia no son excluyentes: en el 70% de los casos, las mujeres declaran sufrir más de un tipo en forma simultánea.

La violencia predominante, de acuerdo al Registro, es la psicológica (86,9%), seguida de la física (67,4%), la simbólica (25,1%), la económica y patrimonial (19,4%) y la sexual (7,9%). La modalidad más informada es la doméstica (97%) y, para entender la gravedad de los casos, se consignaron la frecuencia y el tiempo de maltrato antes de que la mujer se decida a concurrir a un centro en busca de ayuda: en el 93,3% de los casos, las mujeres mencionan haber sufrido situaciones de violencia más de una vez. En cuanto al tiempo de maltrato padecido, el 40,5% de los casos refiere a un período de 1 a 5 años, mientras que el 23,8%,  más de 10 años.

Es importante mencionar que muchos casos de violencia nunca son denunciados, por lo que las cifras reflejan parcialmente la dimensión de esta problemática.

En Paraguay, desde el año 2016 se cuenta con la Ley de Protección Integral a las Mujeres contra toda Forma de Violencia. En relación a las estadísticas, estas provienen de diferentes ámbitos, ya que en ese país hay al menos cinco instituciones públicas que recogen datos sobre violencia contra las mujeres: la Policía Nacional (PN), el Ministerio de la Mujer (MINMUJER), el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPBS), el Ministerio Público, también conocido como Fiscalía (MP), los Juzgados de Paz y la Corte Suprema de Justicia a través de la Secretaría de Género, la Dirección de Documentación y Archivo y la Dirección de Estadística del Poder Judicial.

En 2016, ONU Mujeres y el Ministerio de la Mujer de ese país sistematizaron la información disponible en el informe Violencia contra las mujeres en Paraguay: Avances y desafíos, en el cual anotan que la violencia de género incluye la violencia contra otras personas por su identidad de género distinta a la dominante. Tal es el caso de gays, lesbianas, transexuales y transgénero, que muchas veces son invisibles cuando se esencializan las características biológicas, tras lo cual se oculta la violencia dirigida a otros sujetos, vinculándose estrechamente con las construcciones del patriarcado. No es menor la salvedad en el marco de la violencia contra las personas trans en Paraguay donde se registraron dos transfemicidios solo en septiembre de 2018.

Del mencionado informe se desprende que entre el 85 y el 95% de las víctimas de violencia son mujeres, que la violencia psicológica es la que registra mayor incidencia (entre el 44 y el 55 %), y que entre el 60 y el 80% de los casos de violencia, el agresor resulta ser la pareja o ex pareja sentimental de la víctima. Al efectuar el cruce de datos, entre las personas que sufrieron violencia física según la persona que la agredió, prevalece la pareja (53 % de los casos), le sigue el ex esposo o concubino (20 %) y, en menores proporciones, lxs hermanxs s, hijxs y resto del entorno familiar.

El 79 % de las víctimas de femicidio en Paraguay, entre 2011 y 2014, tuvo como autor a su pareja o ex pareja. La violencia doméstica o intrafamiliar fue el cuarto hecho punible más denunciado en el país ante el Ministerio Público en 2015 y el segundo en 2016. Por último, las mujeres que más denuncian tienen entre 18 y 40 años de edad.

En Uruguay, y de acuerdo a la  Primera Encuesta Nacional de Prevalencia de Violencia Basada en Género y Generaciones (2013), llevada adelante por el Consejo Nacional Consultivo de Lucha contra la Violencia Doméstica (CNCLVD) y el Sistema Integrado de Protección a la Infancia y Adolescencia contra la Violencia (SIPIAV), casi 7 de cada 10 mujeres han vivido violencia basada en género en algún momento de sus vidas.

Algunas de las conclusiones que arroja la encuesta son: que la violencia de género afecta en mayor medida a las mujeres jóvenes, en particular a quienes tienen entre 19 y 29 años; es mayor en las mujeres que declaran ascendencia afro y en quienes viven en la región sureste del país. Se manifiesta de manera similar en todos los estratos socioeconómicos y niveles educativos. Pese a lo anterior, son las mujeres que se ubican el estrato socioeconómico más bajo quienes declaran mayor prevalencia de Violencia Basada en Género (VBG) en el ámbito privado familiar (pareja, ex pareja o familia actual); pero son las mujeres de los estratos socioeconómicos más altos quienes presentan mayor prevalencia en los espacios públicos y el ámbito laboral.

Al considerar los tipos de violencia relevados en la encuesta (psicológica, patrimonial, física y sexual), es la psicológica la que presentó mayor prevalencia en todos los ámbitos y en todas las etapas de la vida, a excepción de la infancia (cuando la violencia física fue declarada con mayor frecuencia que la psicológica).

Dentro de los ámbitos indagados (público y privado) la violencia en las relaciones de pareja presenta la prevalencia más alta. Casi 1 de cada 2 mujeres (45,4%) que han tenido alguna relación de pareja a lo largo de su vida, declaran haber vivido alguna vez violencia por parte de su pareja o ex parejas. Las mujeres que han vivido estas situaciones han manifestado las siguientes secuelas emocionales: el 55 % sintió miedo, depresión y/o angustia; casi un 40 % sufrió alteraciones del sueño; un tercio declaró mal humor y agresividad y más de un quinto (21,6 %) sintió deseos de morir o de suicidarse.

Es en ese contexto en el que FMS implementa el Programa REDAL, enfocado en la prevención de las violencias contra las mujeres, a través de una doble estrategia: el apoyo a las defensoras de primera línea y el apoyo a organizaciones de mujeres atravesadas por diversas identidades.

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